- ¿Qué? - pregunté con voz chillona infundida por el nerviosismo de ese momento.
¿Acaso Francisco había mencionado lo del beso? ¿Bruno estaba enojado porque yo hubiese salido por la tarde a conocer el lugar? y en mis mas tristes pensamientos se encontraba mi madre, mi padre, Carmen, Lautaro. No había tenido noticias en todo el día, no me había tomado el tiempo para saber de ellos. La culpa provoco un sudor frío que recorrió mi columna. Fijé la vista en Bruno tratando de hallar en ella una respuesta involuntaria, pero su semblante era neutro, llevaba cara de póker. Jamás descifraría lo que sucedía en ese momento, claro si no me lo explicaban.
- Decidiste recorrer Praga sin mi - dijo Bruno con tranquilidad pero pude presentir algo de reclamo en su voz, en las palabras, eso era, lo que discutían su amigo Francisco me había llevado a recorrer la ciudad cuando iba a ser él quien lo haría.
- Nunca me dijiste cual era el plan, él - dije señalando a Francisco para defenderme- prácticamente me rapto y me obligo a salir y conocer el lugar - esbocé una sonrisa y Dimitri salió de la habitación con aire de frustración.
- De a cuerdo, me he pedido la semana soy todo tuyo, te mostraré todo pero de a poco sino te aburrirás. - me respondió mi hermano abrazándome- Eras tan pequeña cuando me fui, te has convertido en una mujer.
- No del todo, sigo comportándome más como un hombre. Pero no entiendo,¿te pediste una semana de vacaciones en la facultad? - inquirí algo confundida, a mi entender en la facultad uno cursa si no cursa lleva el ausente, pero quizás al otro lado del océano Atlántico las cosas funcionaban de manera distinta.
- No soy estudiante, enseño física. Ya estoy grande como para seguir cursando.
- ¿Qué cuantos años tenes veinticinco, veinticuatro? - pregunté algo confundida.
- Veintinueve, casi treinta.
- ¿QUÉ?¿Es un chiste? - negó con la cabeza - Pero te ves tan joven, los tres no se ven para nada viejos.
- Eu, no, no y no. - intervino su amigo que aún estaba en la habitación. - Tu hermano es el único vejete del grupo y Dima se le une, yo soy todo un niño.
- Veinticuatro años no es ser exactamente un niño Francisco, estas casi tan viejo como yo. - Interrumpió Dimitri al pasar, pero no se detuvo sino hasta llegar al sillón.
-Sigo siendo la más joven de esta casa, qué felicidad - reí completamente feliz, ya que no había tensión en la situación como hacía unos instantes atrás.
Nos sentamos a cenar tranquilos unas hamburguesas deliciosas preparadas por Dimitri conversamos en la mesa, bebimos una cervezas, aunque el compañero de casa de mi hermano me sacó el vaso un par de veces. Y charlamos me senté en el sofá a escuchar sus historias, las borracheras, noches en Amsterdam, Ibiza, Londres, Paris, chicas de toda Europa y en algún punto me quedé dormida, completamente dormida en el sillón. Me levanté por unos cálidos brazos que me llevaron hasta la cama que me fue asignada, escuché la voz de Bruno dando alguna clase de instrucción. Sentí el frío de las sábanas y cómo me quitaban las zapatillas. No veía con claridad pero si sentí una suave opresión en los labios, era Francisco.
Me desperté como nueva, casi acostumbrada a estar en ese departamento. Me cambié, musculosa y sudadera, jeans nevados y las mismas zapatillas de ayer. Fui hasta la cocina y busqué café, té o siquiera leche, pero no reconocí ninguna de esas cosas. No tenía idea de dónde buscar. Mi hermano apareció detrás de mi somnoliento.
- No vamos a desayunar acá, no hay nada. Buscate abrigo y vamos al café de a unas cuadras. - asentí y fui hasta el cuarto a buscar alguna campera.
Me quedé esperando en el sillón como unos quince minutos hasta que Dimitri, Bruno y Francisco aparecieron.
- Creí que no vivías acá - dije mirando a Francisco.
- No vivo acá, pero no iba a conducir en ese estado de alcoholismo - respondió casi sin voz.
Caminamos por las calles soleadas pero frías de la hermosa ciudad hasta llegar a un pequeño café con vidrios vitró y pequeñas mesitas redondas de madera oscura me senté en una de ellas y observé el lugar tenía dos chimeneas adornadas de un adorable color verde pastel y cerca sólo habían cinco o seis personas más. El lugar parecía una casita de abuela, olía a canela un señora con sobrepeso y con unos diminutos lentes redondos nos dejó el menú, no entendí nada de lo que estaba escrito, absolutamente nada. Pero Bruno se encargaría de pedirme algo, volvió la señora que llevaba un largo vestido floreado en distintos colores y un delantal blanco y con puntilla, me palmeé los bolsillos y descubrí que había olvidado la cámara.
- ¿Qué sucede? - preguntó Dimitri
- Olvidé la cámara y es un lugar tan lindo. Que idiota soy, ¿podré ir a buscarla? - mi hermano asintió. - Genial dame las llaves.
- Yo te acompaño - se postuló Francisco- probablemente te pierdas o busques problemas, además olvidé ir al baño.
- Ve al de aquí - le propuso Dimitri - ya veo que no te aguantas en el camino y yo la acompaño a ella.
- Sabes que odio los baños públicos Dima. Vamos Fede.
Lo seguí y en cuanto doblamos la esquina me rodeó con un brazo, como si fuese mi pareja, caminé sin darle mucha importancia.
- No te molesta - sonaba a afirmación por lo que sólo asentí con la cabeza.- Pero si te molestó el beso. - volví a asentir- Tienes novio - no lo afirmé, porque técnicamente no lo tengo, seguí caminando. - Entonces, si no tienes novio ¿por qué te molestó?
- No tienes ningún absolutamente ningún derecho a besarme. -respondí cortante. - Es MI boca.
Ya casi habíamos llegado, saqué la llave del bolsillo y me detuve a abrir la puerta, deshaciéndome del brazo de mi acompañante, entré, dejando la puerta abierta para que él pasara, me dirigí a la habitación y tome el bolso que había usado ayer, revisé que tuviera la cámara y algo de dinero, salí de la habitación cuando alguien me empujó contra una de las paredes del espacio circular, obviamente era Francisco, me acorraló y sin previo aviso me besó el cuello. Lo empujé pero tomó mis manos y las presionó contra la pared sin despegar sus labios de mi cuello.
- Francisco - dije con histeria- ¿qué haces?
- Me dijiste que no tenía derecho a besarte, que era tu boca - puso su cara a la altura de la mía - no mencionaste ninguna otra parte de tu cuerpo.
Deslizó sus labios hasta mi oído, succionando mi lóbulo, lo que definitivamente me gustaba, demasiado, siguió deslizando sus labios al hemisferio izquierdo y yo... estaba cayendo. Deseaba tomarlo del cuello y besarle sus carnosos labios sin parar. Quería hacerlo. Giré el cuello para darle libertad obsoluta de hacer lo que se le antojase conmigo, había sucumbido al placer, mis terminaciones nerviosas sólo lo sentían a él.
- Decidiste recorrer Praga sin mi - dijo Bruno con tranquilidad pero pude presentir algo de reclamo en su voz, en las palabras, eso era, lo que discutían su amigo Francisco me había llevado a recorrer la ciudad cuando iba a ser él quien lo haría.
- Nunca me dijiste cual era el plan, él - dije señalando a Francisco para defenderme- prácticamente me rapto y me obligo a salir y conocer el lugar - esbocé una sonrisa y Dimitri salió de la habitación con aire de frustración.
- De a cuerdo, me he pedido la semana soy todo tuyo, te mostraré todo pero de a poco sino te aburrirás. - me respondió mi hermano abrazándome- Eras tan pequeña cuando me fui, te has convertido en una mujer.
- No del todo, sigo comportándome más como un hombre. Pero no entiendo,¿te pediste una semana de vacaciones en la facultad? - inquirí algo confundida, a mi entender en la facultad uno cursa si no cursa lleva el ausente, pero quizás al otro lado del océano Atlántico las cosas funcionaban de manera distinta.
- No soy estudiante, enseño física. Ya estoy grande como para seguir cursando.
- ¿Qué cuantos años tenes veinticinco, veinticuatro? - pregunté algo confundida.
- Veintinueve, casi treinta.
- ¿QUÉ?¿Es un chiste? - negó con la cabeza - Pero te ves tan joven, los tres no se ven para nada viejos.
- Eu, no, no y no. - intervino su amigo que aún estaba en la habitación. - Tu hermano es el único vejete del grupo y Dima se le une, yo soy todo un niño.
- Veinticuatro años no es ser exactamente un niño Francisco, estas casi tan viejo como yo. - Interrumpió Dimitri al pasar, pero no se detuvo sino hasta llegar al sillón.
-Sigo siendo la más joven de esta casa, qué felicidad - reí completamente feliz, ya que no había tensión en la situación como hacía unos instantes atrás.
Nos sentamos a cenar tranquilos unas hamburguesas deliciosas preparadas por Dimitri conversamos en la mesa, bebimos una cervezas, aunque el compañero de casa de mi hermano me sacó el vaso un par de veces. Y charlamos me senté en el sofá a escuchar sus historias, las borracheras, noches en Amsterdam, Ibiza, Londres, Paris, chicas de toda Europa y en algún punto me quedé dormida, completamente dormida en el sillón. Me levanté por unos cálidos brazos que me llevaron hasta la cama que me fue asignada, escuché la voz de Bruno dando alguna clase de instrucción. Sentí el frío de las sábanas y cómo me quitaban las zapatillas. No veía con claridad pero si sentí una suave opresión en los labios, era Francisco.
Me desperté como nueva, casi acostumbrada a estar en ese departamento. Me cambié, musculosa y sudadera, jeans nevados y las mismas zapatillas de ayer. Fui hasta la cocina y busqué café, té o siquiera leche, pero no reconocí ninguna de esas cosas. No tenía idea de dónde buscar. Mi hermano apareció detrás de mi somnoliento.
- No vamos a desayunar acá, no hay nada. Buscate abrigo y vamos al café de a unas cuadras. - asentí y fui hasta el cuarto a buscar alguna campera.
Me quedé esperando en el sillón como unos quince minutos hasta que Dimitri, Bruno y Francisco aparecieron.
- Creí que no vivías acá - dije mirando a Francisco.
- No vivo acá, pero no iba a conducir en ese estado de alcoholismo - respondió casi sin voz.
Caminamos por las calles soleadas pero frías de la hermosa ciudad hasta llegar a un pequeño café con vidrios vitró y pequeñas mesitas redondas de madera oscura me senté en una de ellas y observé el lugar tenía dos chimeneas adornadas de un adorable color verde pastel y cerca sólo habían cinco o seis personas más. El lugar parecía una casita de abuela, olía a canela un señora con sobrepeso y con unos diminutos lentes redondos nos dejó el menú, no entendí nada de lo que estaba escrito, absolutamente nada. Pero Bruno se encargaría de pedirme algo, volvió la señora que llevaba un largo vestido floreado en distintos colores y un delantal blanco y con puntilla, me palmeé los bolsillos y descubrí que había olvidado la cámara.
- ¿Qué sucede? - preguntó Dimitri
- Olvidé la cámara y es un lugar tan lindo. Que idiota soy, ¿podré ir a buscarla? - mi hermano asintió. - Genial dame las llaves.
- Yo te acompaño - se postuló Francisco- probablemente te pierdas o busques problemas, además olvidé ir al baño.
- Ve al de aquí - le propuso Dimitri - ya veo que no te aguantas en el camino y yo la acompaño a ella.
- Sabes que odio los baños públicos Dima. Vamos Fede.
Lo seguí y en cuanto doblamos la esquina me rodeó con un brazo, como si fuese mi pareja, caminé sin darle mucha importancia.
- No te molesta - sonaba a afirmación por lo que sólo asentí con la cabeza.- Pero si te molestó el beso. - volví a asentir- Tienes novio - no lo afirmé, porque técnicamente no lo tengo, seguí caminando. - Entonces, si no tienes novio ¿por qué te molestó?
- No tienes ningún absolutamente ningún derecho a besarme. -respondí cortante. - Es MI boca.
Ya casi habíamos llegado, saqué la llave del bolsillo y me detuve a abrir la puerta, deshaciéndome del brazo de mi acompañante, entré, dejando la puerta abierta para que él pasara, me dirigí a la habitación y tome el bolso que había usado ayer, revisé que tuviera la cámara y algo de dinero, salí de la habitación cuando alguien me empujó contra una de las paredes del espacio circular, obviamente era Francisco, me acorraló y sin previo aviso me besó el cuello. Lo empujé pero tomó mis manos y las presionó contra la pared sin despegar sus labios de mi cuello.
- Francisco - dije con histeria- ¿qué haces?
- Me dijiste que no tenía derecho a besarte, que era tu boca - puso su cara a la altura de la mía - no mencionaste ninguna otra parte de tu cuerpo.
Deslizó sus labios hasta mi oído, succionando mi lóbulo, lo que definitivamente me gustaba, demasiado, siguió deslizando sus labios al hemisferio izquierdo y yo... estaba cayendo. Deseaba tomarlo del cuello y besarle sus carnosos labios sin parar. Quería hacerlo. Giré el cuello para darle libertad obsoluta de hacer lo que se le antojase conmigo, había sucumbido al placer, mis terminaciones nerviosas sólo lo sentían a él.

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