Estaba soñando algo sin mucho sentido, iba en una calle inclinada, en subida cuando me daba cuenta que tenía a alguien tomando mi mano. Miraba y ahí estaba Juani, sonriente, con esa expresión tan dulce que formaba su sonrisa, y de repente nos encontrábamos en una especia de baile y el estaba muy entretenido murmurándole a otra chica que el no estaba conmigo, que no sentía nada por mi. Pero un segundo después estábamos en la playa sonriendo y gritando. Cuando él me toma de la cintura acercando nuestros cuerpos, casi como un imán, pero su mano estaba helada. Me sobresalté y desperté, estaba envuelta en unas sábanas que me habían provocado sudar y estaba bastante enredada. La mano de Dimitri estaba en mi hombro, tardé más de un segundo en reconocerlo y recordar que había recorrido la mitad del mundo.
- ¿Qué sucede? - pregunté mientras me sentaba
- Estabas gritando - sonrió - me asusté y quise ver si estabas bien. Parece que si lo estas.
- ¿Grité? ¿Hablo entre sueños? WOW. - me pasé la mano entre el pelo y me di cuenta de que estaba bastante sucio. - Oye... ¿podré bañarme?
- Creo que eso va a ser un poco dificil... verás. No hay mucha agua en Europa, sólo nos conceden veinte litros semanales, que en realidad son veinte litros destinados a tomar agua. Por favor, que sea un baño breve - hizo una mueca tan extraña en su cara, como de súplica y dolor.
- Claro, es que mi cabello esta horroroso, sólo por eso. - traté de imitar su gesto, aunque no era muy similar.
El se levantó y sólo allí me percaté de que no llevaba remera y sus abdominales se mercaban al compás de su caminar, lo seguí con la vista y me percaté de que su trasero no estaba nada mal. Cerré los ojos y luego me auto-castigué pensando que no debía verlo si en casa yo tenia a mi Ignacio. Busqué unas calsas negras con una remera violeta, zapatillas blancas con pequeñas lineas en rojo que mostraban las costuras. Dejé todo preparado sobre la cama y me dirigí al baño, tomé dos toallas y me di, la que sería la ducha más rápida de toda mi vida. Fueron solo seis minutos de intenso lavado de cabeza y cuerpo, me enrollé en una de las toallas y en la otra envolví mi cabello ya peinado. Me miré en el espejo y comprobé que todo mi maquillaje se había corrido. Miré a mi alrededor, pero era una casa de hombres, obviamente no iban a tener crema que sacara el maquillaje. Tomé el celular que estaba reproduciendo música y la ropa que había dejado por el suelo y al abrir la puerta me topé con un par de cuerpos masculinos. Uno de ellos era Dimitri y el otro... no tengo ni idea pero era demasiado sexy. Fui hasta mi cuarto y me cambié, busque algo con que sacarme el maquillaje y... ya estaba perfecta nuevamente.
Apagué el celular y salí de la habitación, fui hasta la cocina y ahí estaba ese chico lindo, junto a Dimitri con una botella en la mano de una marca que no podría ni pronunciar. Su cuello llevaba un tatuaje, algo que generalmente lo vería bastante mal, pero en él se veía... sexy, sus ojos eran oscuros al igual que cabello. Su forma de vestir era... muy distinta, pantalones semiajustados, remeras entalladas. El típico aspecto de chico malo. Los malos atraen.
- Hola - saludé.
- Hola - volteó a mirarme mientras esbozaba una sonrisa
- Federica, él es Francisco - nos presentó Dimitri - también viene de Argentina.
- ¿En serio? - pregunté algo sorprendida. ¿Por qué estaba a miles de kilómetro y encontraba gente que vivía en mi país?
- Si, viví allí hasta los diez, después me mudé a España y hace un año vivo aquí. En Praga, no en esta casa.
- No pareces un chico argentino, tenés más estilo. - dije señalando su ropa.
- Ella, es la hermana de Bruno - interrumpió Dimitri.
- ¿En serio? Te estuvimos esperando con Dima - respondió señalando con la cabeza a Dimitri- Pero sinceramente no eres lo que esperábamos ver. Ya sabes, te veíamos como a tu hermano, solo que con... Creo que mejor me callo.
- Supongo que no somos tan parecidos - abrí la heladera y tomé una cerveza, pero me la arrebataron de las manos.
- Eres menor. No puedes tomar - sonreí
- No soy amante del alcohol pero me llama la atención ya que ni siquiera soy capaz de pronunciar su nombre bien.- reí - yo creo que si te dan una oportunidad única en la vida, hay que vivirla al límite.
- No hasta ese límite - me retó Dimitri casi como si fuera su hija o algo por el estilo.
- Dima, es una adolescente, ella ya conoce los excesos, los ha probado todos, no tiene nada de malo que salga a divertirse - pasó su brazo por detrás de mi cabeza, como dándome un abrazo- No es un castigo que este en Praga. Tampoco estamos en Ámsterdam. - A todo lo que decía este chico yo iba asintiendo con la cabeza. Él sí era cool.
- Ni se te ocurra Francisco - saltó su amigo.
- Por favor, sólo le voy a enseñar la ciudad, para que se sienta como en casa.
- Es una responsabilidad.
- No tiene dos años, aparte va a estar conmigo
- ¿Y qué? No te sabes cuidar a ti mismo.
- Búscate un abrigo Federica. Vamos a salir. - fui hasta el cuarto que me habían asignado y tomé algunas tarjetas, dinero, un saco estilo militar super abrigadito y la cámara de fotos.- ¿Estas Lista?
- Francisco, es la hermana de Bruno, cuídala como si fuese la tuya.
- Casi como si fuese la mia - pude ver cómo le guiñaba un ojo antes de cerrar la puerta por la cual me había arrastrado. - Bueno Federica, es hora de que conozcas el hermoso paisaje y la diversidad de Praga.
- Me muero por conocerlo - Bajamos las escaleras y sentí cómo un fuerte viento casi me parte la cara, Praga es fria. Recuérdenlo. - ¿por qué hace tanto frío?
- Si, son los últimos aires del invierno. De a cuerdo, decime qué te gusta hacer. Y vemos si puedo darte algo de eso.
- En realidad estoy dispuesta a todo, asi que sorprendeme. - reí.
Caminamos por las frías veredas de Europa hasta llegar a un bar, no era de noche, el sol estaba en la parte más alta del cielo, aunque estaba casi completamente tapado por nubes. El bar no daba buena pinta, las ventanas estaban sucias y eran polarizadas, con carteles de neón apagados. Nos sentamos en unos sillas altas frente a la barra, pedí una Heineken mientras que Francisco pedía una bebida blanca. Sin duda es una de mis bebidas favoritas. Nadie me hará cambiar de opinión.
Estuvimos un buen tiempo hablando, le conté de mis amigos, de historias interesantes, y él también me contó sobre su vida, estuvimos entretenidos tres cervezas y unos cuantos vasos de whisky más tarde. Luego caminamos por las heladas calles, donde habían varios grupos de artistas independientes. Gente que bailaba,estatuas vivientes, habían niños viendo una obra de títeres sobre un rey. Tomé fotos de todo lo que pude, gente que sonreía, reían, niños vestidos de colores. Allí nadie se preocupaba por la apariencia del otro. Tampoco por el nivel social y muchos menos por su cultura.
Comenzó a llover y corrimos camino a casa a refugiarnos con calor y sequedad. Pero justo antes de llegar a la puerta que daba a las escaleras, Fran me tomó en una mezcla entre brusquedad y delicadeza, acorralándome contra una pared, puso una de sus manos en mi mejilla y vaciló un instante justo antes de besarme. Duró sólo un instante. Hasta que lo aparté. Nos miramos un instante y allí lo supe todo. No debería decir ni una palabra, hacer como si nada hubiera sucedido. Y estaba bien para mi, después de todo las únicas personas a las que se los contaría no estaban ahí.
Subimos y entramos con normalidad, Bruno nos dio unas toallas secas y nos quedamos un rato quietos frente a una de las estufas a gas. Luego fui hasta la habitación y me puse ropa seca cuando escuché que murmuraban en la sala de estar. Me acerqué hasta la cocina, pero aún así no entendí nada de lo que dijeron, por lo que me uní a ellos. Estaban hablando en otro idioma, probablemente en Checo porque no entendía ni una sola palabra,pero al entrar todos me miraron.
